Badlands: la combinación más extrema de Europa de caminos de grava, ascensos, paisajes desérticos y vastas extensiones desiertas. Un total de 820 km y 15 000 metros de desnivel. Exactamente el tipo de terreno que no perdona, donde la elección de las ruedas puede marcar la diferencia.
Para nuestros amigos de The Bike Pack, esto no solo sería un reto físico. También es una aventura en la que hay que confiar plenamente en el material que se utiliza. La DRIFT PACE demostró exactamente para qué está pensada.
Nuestras ruedas FFWD, modelo «Drift Pace», demostraron ser la elección perfecta para Badlands: ligeras en las subidas, resistentes en terrenos accidentados y precisas en los descensos largos y técnicos. En una aventura como esta, la fiabilidad lo es todo.
De Granada al desierto: los primeros 300 km
A las 8 de la mañana, 300 ciclistas salieron rodando por las tranquilas calles de Granada. El ambiente era electrizante, con una mezcla de nervios y emoción. Las primeras subidas no tardaron en llegar, lo que dispersó al pelotón antes de que comenzara el verdadero reto: el desierto de Gorafe.
El calor se hizo sentir con fuerza. El paisaje se tiñó de naranja y se volvió árido, y la sombra escaseaba. Nos quedamos sin marchas, recorrimos a pie los tramos más empinados y, finalmente, nos derrumbamos bajo un pequeño olivo solo para refrescarnos. Otros ciclistas se detuvieron para ver cómo estábamos. Pequeños gestos de amabilidad que lo significan todo cuando te encuentras en plena naturaleza.
Eso es Badlands.
A través de la noche y hacia las montañas
Al ponerse el sol, el mundo se transformó. Silencio, estrellas y el sonido de la grava bajo nuestras ruedas. Llegamos a Gor pasada la medianoche. Agotados, pero felices. Repusimos fuerzas con patatas fritas, Coca-Cola y chocolate. Luego vino la larga y fría subida hacia los 3.000 metros.
Pedaleamos toda la noche medio dormidos, persiguiendo el horizonte, esperando el amanecer. Cuando por fin llegó, iluminando las montañas de dorado, fue como renacer.
Tras 24 horas, habíamos recorrido 300 km, un tercio del viaje, y ya teníamos recuerdos para toda la vida.
El sueño de la costa: del desierto al Mediterráneo
A la mañana siguiente descendimos hacia Agua Amarga, y el olor a sal nos llegó mucho antes de que viéramos el mar. Tras días de calor y polvo, el agua azul nos pareció irreal. Nos quitamos los zapatos, metimos los pies en el Mediterráneo y nos reímos como niños.
A partir de ahí, la ruta por Cabo de Gata fue impresionante: pueblos blancos, acantilados y vistas infinitas al mar. Nos dolían las piernas, pero teníamos el corazón lleno. Eso era la libertad sobre dos ruedas.
El empujón final: por Sierra Nevada hasta Granada
Dejar la costa significaba volver a subir. Pasamos por Almería, Enix, Félix, Abla y La Calahorra. El calor volvió, las subidas parecían interminables, pero las bicicletas seguían rodando con fuerza. Las FFWD DRIFT PACE lo aguantaron todo: descensos rocosos, arena suelta y las largas y
es curvas de montaña que caracterizan a Badlands.
Al caer la noche, pasamos al modo supervivencia. Pocas palabras, avance lento, solo concentración. Entonces, por fin, las luces de Granada aparecieron en la distancia. El último descenso fue rápido y emotivo. Podíamos sentir la meta antes incluso de verla.
Tras 84 horas y 40 minutos, cruzamos la línea de meta. Quedamos en el puesto 19 de 50 equipos.







